Componentes de las centrífugas para laboratorio

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Uno de los equipos que no pueden hacer falta en los laboratorios clínicos son las centrífugas. Estos equipos son empleados tanto en laboratorios como en clínicas para realizar análisis de sangre, pues es gracias a la manera en que funcionan que se separa el plasma de los componentes sanguíneos para hacer posible tal análisis. Existen diferentes tipos de centrífugas para laboratorio y para su clasificación se pueden aplicar varios criterios, pero uno de uno de los más utilizados para distinguirlas es su modo funcionamiento, estrechamente relacionado con el tipo de compuestos que son capaces de separar.

Encontramos así centrífugas de baja velocidad, que se utilizan para hacer la separación de plasma y sueros, las centrífugas para microhematocritos o microcentrífugas, y las ultracentrífugas, que se usan para hacer la separación de proteínas. Mientras que las centrífugas de baja velocidad trabajan a 2,000 y 6,000 revoluciones por minuto, las centrífugas para microhematocritos, conocidas como microcentrífugas, trabajan a una velocidad de entre 10,000 y las 18,000 revoluciones por minuto, aproximadamente. Por su lado, las ultracentrífugas pueden separar proteínas debido a que operan a una velocidad de entre 20,000 hasta 75,000 revoluciones por minuto, es decir, mucho más rápido que todas las anteriores. Además del modo de funcionamiento, también se parte del tamaño de las centrífugas para clasificarlas. Encontramos entonces centrífugas de gran tamaño, medianas y pequeñas. Por otra parte, según su diseño se catalogan en centrífugas de sobremesa, de piso o refrigeradas, o bien, se pueden catalogar por su rotor y los tubos portamuestras que presentan, ya que se encuentran disponibles en diferentes formas y tamaños.

Te invitamos a consultar nuestras publicaciones del blog de El Crisol, donde hablamos a mayor detalle los diferentes tipos de centrífugas para laboratorio que existen y de las características de cada una de ellas.

Ahora bien, a pesar de que existe una amplia variedad de centrífugas, cada una de ellas diseñada para satisfacer las diferentes necesidades de uso en laboratorios y clínicas, todas reúnen ciertos elementos que resultan imprescindibles para su correcto funcionamiento. A continuación presentaremos los componentes de una centrífuga y explicaremos brevemente el papel que desempeñan en el funcionamiento de estos equipos:

  • Gabinete o cámara. Es el espacio en el que se lleva a cabo el proceso de centrifugado. En su interior gira el rotor o araña.
  • Rotor. Conocido también como araña, es la sección en la que se colocan los portamuestras y la que se moverá cuando se ponga en funcionamiento el equipo.
  • Portamuestras. Los portamuestras son aquellos recipientes donde se ponen las muestras para su centrifugado. El tamaño de los portamuestras es variable y depende del diseño y función de la centrífuga.
  • Base. La base es la parte que soporta el resto del equipo y por lo regular contiene los controles para operar la centrífuga. Generalmente la base se construye con materiales pesados y presentan un sistema de fijación a las superficies sobre las que se colocan los equipos, esto con la finalidad de brindarle mayor estabilidad.
  • Tapadera. La tapadera es un componente que impide el acceso a las muestras mientras el equipo se encuentra en funcionamiento. La mayoría de los modelos de centrífugas incorporan en su tapa un candado que se activa automáticamente para que no pueda abrirse el equipo cuando está en operación.
  • Interruptor de encendido. Con este interruptor se controla el suministro de energía a la centrífuga. Integra herramientas para que el usuario pueda configurar el modo de operación del equipo.
  • Control de tiempo. Con este controlador se determina el tiempo de centrifugado de las muestras. Además, permite visualizar el tiempo transcurrido o pendiente para que el proceso seleccionado.
  • Tacómetro. El tacómetro muestra la velocidad a la que se está realizando el centrifugado midiéndola en revoluciones por minuto.
  • Freno. Este elemento no está presente en todos los equipos, pero los que lo presentan permiten al usuario acelerar el proceso de detener la operación de la centrífuga. Resulta particularmente útil en situaciones de emergencia y la manera en que funciona depende del fabricante, es por ello que se recomienda verificar que la centrífuga lo integre y seguir al pie de la letra las indicaciones de uso proporcionadas por el fabricante al momento de utilizar esta función.

Conocer las partes que componen las centrífugas para laboratorio es de gran importancia, tanto para ponerlas en operación como para darles mantenimiento. Es necesario mencionar que antes de encender cualquier equipo de laboratorio se tiene que leer el manual de usuario y seguir las recomendaciones del fabricante para su correcto funcionamiento, esto por cuestiones tanto de seguridad como de practicidad.

Uno de los pasos más importantes previos al encender la centrífuga es cargarla con las muestras. Cargar el equipo de manera correcta es imprescindible para el buen funcionamiento del mismo y para su preservación. En caso de que la carga se haga incorrectamente la centrífuga puede vibrar durante el proceso, lo que llega a provocar daños en el rotor disminuyendo su tiempo de vida útil. La clave para cargar correctamente la centrífuga es colocar las muestras de manera equilibrada, es decir, que su peso esté distribuido uniformemente para que exista un balance cuando el equipo se encuentre en funcionamiento. Otro aspecto a tomar en cuenta para garantizar el correcto funcionamiento de este tipo de equipos para laboratorio es mantener la centrífuga siempre limpia y libre de restos de muestras, polvo o vidrio, ya que la presencia de cualquier cuerpo ajeno podría interferir en su funcionamiento. También se recomienda mantener la tapa cerrada durante el tiempo que dure el centrifugado hasta que el indicador de seguridad marque que se puede abrir. Como ya mencionamos, algunos modelos cuentan con un candado que se activa de manera automática en cuanto comienza a operar el equipo para bloquear la apertura de la puerta y por ningún motivo se debe intentar forzar el candado para que se libere la tapa. Utilizar accesorios originales y reemplazar cualquier elemento que se encuentre en malas condiciones, como los recipientes metálicos deformados, los tapones de amortiguadores desgastados o los tubos de vidrio rayados o agrietados es imprescindible. Con esto no sólo se mantendrá el equipo operando en óptimas condiciones, sino que también se evitará que las muestras se contaminen.

Finalmente, recomendamos que una vez que la centrífuga esté correctamente cargada y la tapa bien cerrada, se revisen las configuraciones de los controles como la velocidad y el tiempo de centrifugado. Posteriormente se puede accionar el interruptor de encendido prestando atención a la manera en que está funcionando el equipo para asegurarse de que no presente ningún problema. En caso de que se detecten problemas de vibración será necesario balancear los portamuestras nuevamente, y si el equipo no trabaja correctamente se tendrán que revisar los cables de conexión eléctrica y el estado de los fusibles.

Recuerda que si buscas centrífugas para laboratorio, en El Crisol tenemos equipos de la más alta calidad. Visita nuestro catálogo en línea o contáctanos para solicitar información detallada acerca de los equipos que ponemos a tu alcance, para nosotros será un placer atenderte.

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